Irving Saladino sitúa a Panamá en el medallero



Panamá ya tiene su oro olímpico. 60 años después de que Lloyd La Beach hiciera historia con sus dos bronces en Londres'48, Irving Saladino ya se ha convertido en el gran deportista del país centroamericano, el primero en enarbolar su bandera y dar la vuelta al estadio como campeón olímpico. 'El Canguro' no brilló como acostumbra en la final de salto de longitud, pero tiene tanca calidad que se sirvió de un mejor salto de 8,34 para pasar a la historia.

Lo cierto es que la final tuvo un nivel decepcionante. Se esperaba mucho de Saladino, agobiado por la responsabilidad de cargar con las esperanzas de todo un país y por poder lograr la doble corona -campeón mundial y olímpico-. Pero una inoportuna lesión en plena preparación -una tendinitis en la rodilla- llevó al panameño a rendir por debajo de lo esperado, a ser prudente y a tratar de asegurar el oro sin correr demasiados riesgos. Así que aunque ayer estuvo lejos de sus 8,73 que le colocaron esta temporada entre los más grandes de la especialidad, no tuvo problemas para superar al surafricano Mokoena, plata con 8,24, y al cubano Cabrejo, bronce con 8,20.

«Esta es una medalla para Panamá y para toda Latinoamérica», declaró Saladino, de 25 años, al lograr el oro. Miles de kilómetros más allá, to do un país celebraba su hazaña, incluida la primera dama Vivian Fernández, quien festejó su victoria y auguró un recibimiento de héroe nacional al campeón olímpico.

Deportista atípico
Lo cierto es que la historia del saltador Saladino es la de un atleta que se ha abierto paso en un país de escasos medios y devoto del beísbol y del boxeo, gracias al ídolo Roberto 'Mano de piedra' Durán. Cuentan sus biografías que su mejor salto no fue el 8,73 de esta temporada en Hengelo (Holanda), sino el haberse formado como atleta en Colón, su localidad natal, a 80 kilómetros al norte de la capital. Una ciudad que destaca por su peligrosidad y de la que Saladino dibuja un panorama pesimista. «Nos falta mejorar la vida y la parte de la juventud que está perdida, hay mucha violencia. La verdad, hasta estresa, porque hay niños con futuro, pero ven las matanzas y las van copiando. Los que vienen creciendo vienen mucho peor», explicaba en una entrevista en su país.

Pero en ese clima hostil decidió hacerse atleta y persona. Aunque como otros muchos, estuvo a punto de perderse por el camino. Entró en contacto con el atletismo a través de su hermano David, y tras competir en algunas pruebas de 1.500 metros, decidió dejarlo porque en Colón, la pista de atletismo quedaba muy lejos de su casa. Tenía 13 años, pero poco después un profesor le recuperó para el atletismo, y a partir de ahí retornó a los entrenamientos. «A veces iba a entrenar, otras veces no, pero en 2004 vi realmente que podía hacer grandes cosas», que ya para entonces tenía a Iván Pedroso como referencia en el salto de longitud y que comenzaba a acumular premios a nivel internacional. Tras sufrir una lesión en los Juegos de Atenas'04, Saladino irrumpió entre la élite con su medalla de plata en el Mundial indoor de Moscú'06. Y su gran explosión llegó con el oro en el Mundial de Osaka, el pasado año, tras batir en el último salto al italiano Howe.

En Brasil
Su enorme progresión tiene mucho que ver con el buen trabajo que realiza en Sao Paulo, donde entrena desde hace cuatro años gracias a una beca de la IAAF. A su centro de Alto Rendimiento acudió en busca de mejores condiciones de entrenamiento respecto de su país. Y tras abandonar al entrenador de sus inicios, Florencio Aguilar, se puso en manos de Nelio Alfano Moreira, quien le ha hecho progresar desde los 8,10 con los que llegó hasta los 8,73 de esta temporada.

Tras lograr la doble corona, Saladino tiene dos retos por delante. El reto deportivo: «El año que viene me voy a preparar muy bien y voy a intentar romper el récord del mundo de Powell (8,95)». Y el reto personal: «Cuando vuelva a mi país espero tener tiempo para llevar mi experiencia a los niños del interior, futuros atletas campeones».

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